En mis andanzas santiaguinas tuve la oportunidad de tomar un taxi que me llevó a una dirección distante, domicilio comercial de uno de mis clientes. 
En el  trayecto, como es usual, me puse a conversar con el chofer. Ya con sus años a cuestas, me comentaba una y otra cosa del quehacer nacional. 
Entre otras  me dijo, “Yo soy bombero de Maipú”, conduzco una de las máquinas y soy el más antiguo voluntario de la compañía.
Ya tengo 65 años. Me conto variadas experiencias, las que disfruté y comprendí ya que yo también fui bombero en Valparaíso durante cinco años, mientras estudiaba allá.
¿Sabe usted, porque le tiran piedras a los bomberos y en muchas ocasiones le roban en mi comuna? No lo puedo entender le contesté. 
Lo que sucede, continua el chofer es que en las poblaciones llamadas vulnerables, cuando se está quemando una casa o más bien parte de una casa y la podemos apagar, ellos no lo quieren porque pierden las ayudas que les da el Estado si la pérdida es total. 
¿Cómo puede ser eso? si lo están perdiendo todo, le contesto. 
Así es pues mi caballero aunque usted, no lo crea, es pan de todos los días. Y además cuando estamos trabajando en la emergencia, nos roban la ropa en los carros y otros elementos. Tenemos que estar protegidos de ese vandalismo ¿Qué le parece?  Mire, yo le creo a usted, le indico, pero me parece una locura, el privilegiar un bono o beneficio social precisamente otorgado en la urgencia de una catástrofe, a transformarlo en un engaño para pedir más y mejor. 
Eso no es nada  señor. Si usted, supiera otras cosas que nos suceden, inclusive a veces enojados van y nos apedrean los cuarteles por las noches. 
Quedo pensando y fugazmente me recuerdo de la frase de un cuento antiguo-“yo no doy pescado al hambriento, sino que le enseño a pescar”. Tema para la reflexión personal  mis queridos lectores.
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