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La amenaza a estos árboles milenarios llevó a la CONAF a constituir una instancia público-privada para coordinar las investigaciones con el objetivo de no repetir estudios y maximizar los recursos destinados a ellos.

Nelson Sandoval Díaz

La relación entre el cambio climático y una creciente mortalidad de araucarias en el sur de Chile concentra desde hace un año los esfuerzos de un grupo de expertos que afronta este árbol endémico, según informaron los responsables del trabajo.

Hasta ahora se han analizado cerca de 50 hongos y bacterias aislados desde muestras de raíces y ramas del también llamado pino araucano en la Cordillera de Nahuelbuta, a unos 600 kilómetros de Santiago, detectados en cerca de medio millar de muestras de araucarias con síntomas foliares.

La investigación, a cargo de la Universidad de Concepción y de la privada Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), busca explicar una extraña enfermedad responsable de la muerte de ejemplares adultos y jóvenes de araucarias.

Una de las hipótesis que se manejan es que sea un "estrés ambiental" que predispone a estas coníferas a la acción de agentes que antes eran inocuos, pero que por el cambio climático podrían llegar a ser letales.

De las 2.460 hectáreas con presencia de araucarias en un Área de Alto Valor de Conservación en el sector de Trongol Alto, cerca del 70 % de los ejemplares presenta muerte de ramas, aunque con diferentes niveles de severidad, desde unas pocas ramas bajas hasta la copa casi completamente afectada.

"La mayor probabilidad es que estos árboles hayan sufrido algún tipo de estrés fisiológico y eso permite que el ataque de cualquier agente patógeno sea mucho más severo", explicó en una nota enviada a Efe Eugenio Sanfuentes, investigador de la Universidad de Concepción.

Llamó especialmente la atención de los investigadores el hallazgo en las muestras de cepas del patógeno de raíces "Phytophthora cinnamomi", un microorganismo semejante a los hongos que ha mostrado un gran poder destructivo en bosques nativos en Australia, Estados Unidos y en países del sureste asiático.

A juicio de Sanfuentes, probablemente este patógeno fue introducido en la zona hace muchos años, "pero llama la atención que un organismo que habita en el suelo se encuentre en zonas altas con bosque nativo, como la Cordillera de Nahuelbuta".

"Una posibilidad es que el patógeno se haya diseminado por la actividad humana (tránsito de personas y vehículos)", agregó.

Para Jean Pierre Lasserre, gerente de Tecnología y Planificación de la CMPC, si bien este patógeno es una amenaza para la araucaria, los estudios no permiten catalogarlo aún como el de la mortalidad del pino araucano en la Cordillera de Nahuelbuta, por lo que es necesario continuar los estudios.

No obstante, los expertos estiman que factores abióticos (no causados por seres vivos), como el déficit de precipitaciones, la falta de nieve y variaciones de temperaturas en meses invernales y estivales, hacen a estas coníferas vulnerables a la acción de este u otros hongos y bacterias.

"Los sistemas de defensa de los árboles se van alterando y van disminuyendo. Hay un gasto energético de los ejemplares para mantenerse estables y, por ende, terminan debilitándose, siendo afectados por los mismos factores abióticos u otros", indicó Sanfuentes.

Según la Corporación Nacional Forestal (Conaf), el daño foliar afecta al 93 % de las 320.000 hectáreas de araucarias que existen en Chile, de las que el 1 % ha muerto.

La Araucaria, que puede alcanzar los 80 metros de alto y sus troncos dos metros de diámetro, pueden vivir millares de años y son considerados verdaderos fósiles vivientes.

Sanfuentes destacó además que otra hipótesis, que investigan científicos de la Universidad Austral, de Valdivia, (UACh), es que esta enfermedad estaría asociada a una falta de carbohidratos provocada por la ausencia de fotosíntesis, también debido al cambio climático.

La amenaza a estos árboles milenarios llevó a la CONAF a constituir una instancia público-privada para coordinar las investigaciones con el objetivo de no repetir estudios y maximizar los recursos destinados a ellos.

En los próximos meses, los investigadores iniciarán pruebas en el follaje y ramas en araucarias sanas, lo que implicará inocular los hongos y microrganismos detectados, para corroborar o descartar la presencia de los mismos síntomas detectados en las primeras muestras obtenidas en terreno.

"Seguimos teniendo la esperanza de que la Araucaria, por ser una especie pionera, tenga la capacidad de adaptarse a estas condiciones cambiantes y pueda defenderse sola", señaló Jean Pierre Lasserre.

"Cuando vas a sectores en que la Araucaria crece bien, por temas de suelo y disponibilidad de recursos, prácticamente no hay daño", precisó. 

 

 

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