Es habitual en las cercanías de La Recova, tradicional ícono de la ciudad de La Serena, y no sólo durante los meses de verano, la gran afluencia de turistas que llegan hasta el lugar con el propósito de recorrer sus puestos de artesanías y eventualmente disfrutar de un buen almuerzo.
Y con ese fin, es también común que haya personas que se encarguen de tentar a los clientes, acarreando a eventuales comensales que quieren vivir una experiencia distinta en uno de los íconos de la ciudad de los campanarios.
Sin embargo, no todo es color de rosas. Esto porque hay algunos de estos trabajadores y trabajadoras que se han mostrado francamente molestos por lo que consideran una falta de criterio de la autoridad policial. Ya que en diversas ocasiones les han pasado partes, con la justificación de que están ejerciendo el comercio ambulante o ilegal. Sin embargo, sostienen que están trabajando para generar el sustento que requieren, recibiendo un porcentaje por los clientes que llevan a los restaurantes, aunque laborando sin contrato de trabajo. Todo de palabra.
Esto lo denunció Paulina Muñoz y Blanca Ramos, quienes trabajan en La Recova, indican que sólo lo hacen en la perspectiva y con el propósito de apoyar a sus respectivas familias, pero la autoridad no les permite trabajar con tranquilidad. “Habiendo temas más importantes en el entorno de la Recova, como es la delincuencia, las personas que beben y el microtráfico, se pone el foco en las personas que buscan captar clientes. Nadie tiene contrato, y en ese contexto la autoridad se basa para pasarnos partes. Esto, sabiendo el desprestigio que tiene el edificio”.
A juicio de Muñoz, se han dirigido a diversas entidades como la Inspección del Trabajo y Carabineros, para saber que se puede hacer en estos casos. Carabineros me señalaron que la administración del edificio es la responsable. Para ciertas cosas parece ser que es privada y para otros es público”, comentó.
Ambas mujeres coinciden en que los dueños de los locales no se hacen responsables por esta situación. “Nosotros trabajamos en base a un porcentaje que se nos pagan, y sin contrato. Nosotros no estamos haciendo ningún daño; por el contrario. Trabajamos para entregar el sustento a nuestras familias y sólo para buscar gente”, recalcó Ramos.
Señalan que fundamentalmente se trata de una situación de criterio, ya que la única labor que realizan es buscar captar nuevos clientes. “Esperamos que haya criterio. Y además, esperan que paguemos un permiso de $9 mil diarios, para poder trabajar, señalan desde la administración, pero me parece que es una locura. Nadie tiene contrato ni imposiciones. Por ende, detrás de esta persecución creo que hay razones injustificadas, más si cumplimos con una labor donde sólo buscamos clientes. Sólo queremos trabajar en paz”, concluyó Muñoz.